Pacto de paz

¿Cómo es que te enojas por mis argumentos? ¿Cuándo un puñetazo es un buen fundamento? Aún un ceño fruncido es mal augurio; ¡cuánto más un grito de soberbia! Por favor, no te apasiones, no dejes que tus argumentos te definan, porque los argumentos son efímeros y la verdad voluble. No tengo nada contra tí, sino contra tu punto de vista y en honor a la verdad lo rebatiré sin sentimientos ni familiaridades, con el pecho enhiesto y el corazón humilde; agacharé la cabeza si he de darte la razón y no me regodearé pedante cuando yo la tenga. Este es mi pacto de paz y respeto y prometo quebrarlo cuando me venza el sentimiento y mi mente deje de tener el control debido de mis decisiones; cuando esto ocurra, en vez de lanzarte improperios, y procacidadez, perdonaré los tuyos y tomaré una distancia discreta, también cronlógicamente; guardaré solemne silencio y se me extenderá la misma cortesía, por un tiempo breve, quizá un par de horas, mientras seguimos con nuestras vidas. Te juro que al final nadie saldrá herido.

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